*—Dante:
Creyó que su humor mejoraría después de “probar” a Ezra y comprobar que no era la gran cosa, pero no. En vez de calmarse, estaba peor. Mucho peor.
Dante apoyó el vaso de whisky en la mesita, tomó su puro y dejó escapar una bocanada lenta de humo. El sabor amargo y el ardor en la garganta no servían para nada: ni el alcohol ni la nicotina le quitaban de la cabeza lo que había pasado aquella noche.
Cerró los ojos, recostándose en el sillón, mientras el recuerdo lo asaltaba con la fuerza