*—Ezra:
Engel terminó confesándole que, en realidad, estaba allí porque Dante se lo había pedido. Quería que lo ayudara con la cita: elegir su ropa, arreglarlo, dejarlo perfecto, porque, según él, Engel “sabía de esas cosas”.
Por la forma en que comenzó a hurgar entre su ropa, descartando prendas con gestos críticos y pequeños chasquidos de desaprobación, estaba claro que aquello no era una salida cualquiera. Había intención, detalle y mucho cuidado.
El omega rubio revisó varias opciones hasta