*—Ezra:
Se despidió de Engel, quien le deseó suerte y, sin ningún tipo de vergüenza, le gritó que fuera una “zorra”, provocando que el guardia de seguridad cercano los mirara completamente desconcertado. Ambos soltaron una carcajada, y tras un último gesto de complicidad, Ezra se giró justo cuando el conductor abría la puerta para él.
Ezra se deslizó dentro de la limosina con elegancia, acomodándose en el asiento de cuero. Apenas cerró la puerta, un aroma suave lo envolvió. Canela. No era el ol