*—Ezra:
No supo cuánto tiempo pasó, solo que despertó con la voz de Dante llamándolo suavemente.
—Deberíamos irnos…
Ezra parpadeó, desorientado, hasta que siguió la mirada de su alfa hacia el cielo. Las nubes grises se acumulaban, pesadas, amenazantes, y el viento había cambiado, trayendo consigo un frío leve que contrastaba con el calor de antes. Se incorporó lentamente, estirándose mientras su estómago protestaba, recordándole que no habían almorzado realmente, solo picado entre risas y distr