*—Ezra:
Volvieron a la toalla con la piel aún tibia por el sol y el roce del agua. Ezra se dejó caer con un suspiro, estirándose sobre la tela mientras miraba el mar, lamentándose en voz baja por no haber traído un bañador. Aunque la idea de meterse en ropa interior cruzó su mente más de una vez, tentadora, peligrosa.
Dante lo miró de reojo, como si pudiera leerle los pensamientos, y esa simple mirada fue suficiente para que Ezra desviara la vista con una sonrisa contenida.
Comieron algunos de