*—Dante:
No podía tener suficiente de Ezra.
La sensación lo había acompañado durante días, creciendo de manera silenciosa hasta convertirse en algo imposible de ignorar. Era como una obsesión dulce y persistente que no se desvanecía, que en lugar de disminuir parecía intensificarse con cada momento que pasaban juntos.
Dante había pensado que después de tantos encuentros su deseo se calmaría un poco, que su cuerpo se acostumbraría a la presencia del omega, pero ocurría exactamente lo contrario