*—Ezra:
Dante lo animó entonces a darse una ducha para quitarse la pesadez del sueño mientras él terminaba de preparar la mesa, y Ezra finalmente aceptó. Se dio una ducha rápida, dejando que el agua caliente terminara de despertarlo, y luego se puso lo que él llamaba su “ropa de indigente”: prendas cómodas, suaves, perfectas para estar en casa.
Antes de salir, recordó algo y se detuvo. Buscó en el lugar donde lo guardaba con cuidado y sacó el brazalete que Dante le había regalado. Siempre lo ma