*—Ezra:
Dante lo dejó en el suelo y luego se sentó. El hombre podía estar todavía perdido en su Rut, pero sus fantasías no desaparecían por eso, ya que palmeó sus muslos y era como si estuviera invitándolo a montarlo. Ezra recordó haberlo hecho varias veces antes, posesivo y decidido, y podía admitir que no era algo que le disgustara precisamente.
Con lentitud, se acercó y se sentó a horcajadas sobre él. Recordó aquellas ocasiones en que habían estado en ese mismo sofá: el beso ardiente que com