*—Ezra:
Mientras comía un poco más de fruta, una ráfaga ardiente le atravesó el cuerpo sin previo aviso; su mano quedó suspendida en el aire y la respiración se le volvió irregular, pesada, como si el oxígeno de pronto no fuese suficiente.
Sintió cómo su entrada se contraía con tal fuerza que un gemido ahogado escapó de sus labios, mezcla de dolor y necesidad, y una presión punzante comenzó a latirle en la sien al mismo ritmo acelerado de su corazón. No entendía qué le ocurría ni por qué su cu