*—Dante:
El beso que compartieron una vez más fue ardiente y esta vez Dante no dejó las manos quietas. Las pasó por el cuerpo del omega, sintiendo sus curvas suaves y sus fuertes músculos aún bajo el traje, haciendo un contraste algo ilógico, pero con Ezra las cosas siempre eran así. Estas se deslizaron hacia el cinturón de Ezra y sin pausa alguna, Dante tiró de este, abriéndolo. Con la misma rapidez, abrió el botón y la cremallera de sus pantalones, apartando luego la tela.
Con la mano, Dante