*—Dante:
Llevó el índice hacia su agujero y cuando tocó el anillo de nervios, Ezra volvió a estremecerse, pero no hizo amago de irse; solo se quedó allí, esperando. Dante sonrió gustoso y con el dedo rodeó todo el anillo, dándole una suave caricia antes de hundirlo. Otro chillido de placer salió del chico y el mismo movimiento de antes vino: Ezra empujando las caderas hacia él.
—Dante… —susurró Ezra con un tono de voz tan bajo y seductor que Dante se encendió.
Enterró el dedo hasta el final y l