*—Dante:
Dante permaneció de pie unos segundos, respirando con dificultad, tratando de bajar la marea que le hervía bajo la piel. El olor ajeno que había invadido la habitación, alcohol rancio, sudor y feromonas mezcladas sin cuidado, comenzaba a disiparse, pero aún flotaba pesado en el aire.
Dante frunció el ceño. Si no se hubiera tomado el inhibidor, sus propias feromonas ya habrían reclamado el espacio, limpiándolo todo y marcando territorio.
Tal vez era mejor marcharse… y, sobre todo, qui