*—Ezra:
Unos minutos después, Dante los llevó a su destino. Ezra se quedó inmóvil al ver el restaurante frente a ellos. Era lujoso, elegante, de esos lugares que siempre había querido conocer pero que jamás había podido pisar: el precio lo hacía impensable.
Giró el rostro hacia Dante, sorprendido, y lo encontró sonriendo, satisfecho con su reacción.
—Un pajarito me dijo que querías venir —comentó con suavidad. Luego extendió la mano y le tiró de la mejilla con dulzura—. Y yo… quería darte una s