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*—Dante:

El omega continuó con sus andanzas.

Dante se estremeció cuando sus manos bajaron hasta el borde de sus pantalones de lino. Abrió el botón y, justo cuando iba a bajar la cremallera, Dante cubrió su mano.

Ezra alzó la mirada de inmediato, rápido, intenso.

—Quiero verlo —exigió.

Dante lo sabía. Era evidente, pero aun así… Habían llegado a un acuerdo. Estaban dándose una oportunidad, avanzando con cuidado. El deseo estaba ahí, abrasador, desesperado, pero Dante quería hacerlo bien. Quería
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