*—Ezra:
Ezra se quedó perdido por unos segundos en su mundo, pensando en el futuro que se veía tan prometedor.
Carraspeó, obligándose a seguir, a empujar ese nudo de nerviosismo que le apretaba el pecho para atreverse a saber más cosas de su jefe, del hombre que había conocido y amado torpemente durante seis años desde la distancia, desde el silencio y las miradas contenidas, pero con quien, recién ahora, descubría estar impreso, unido por algo más profundo que la costumbre o el deseo mal disim