*—Dante:
Ese beso no tuvo nada de suave. Fue un choque ardiente, cargado de hambre y de una sed antigua, como si todos los besos anteriores hubieran sido apenas un anticipo inútil. Sus labios se encontraron con urgencia, abriéndose, buscándose, reclamándose sin paciencia.
Dante lo rodeó con los brazos al instante, respondiendo con la misma pasión. Cambió el ángulo del beso una y otra vez, frotando sus bocas, profundizando cada contacto como si necesitara sentirlo en todos los sentidos posibles.