106

*—Ezra:

Después de eso, Engel comentó, casi como una confesión tardía, que aún no se había duchado. Ezra soltó una risa suave. Eran casi las once de la mañana y el omega seguía sin bañarse, pero no le sorprendía. Su día había comenzado con el pie izquierdo y, con toda seguridad, ni siquiera había tenido fuerzas para ocuparse de sí mismo. Hablar con Ezra, en cambio, parecía haberle sentado bien; su aroma estaba menos cargado y su mirada ya no tan opaca, más bien, sus ojos azules volvían a tener
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP