—Alessandro, ¿no estás yendo demasiado lejos, tomando partido por una extraña y reprendiendo a tu propia hermana? —Berta miró a Alessandro con profundo desagrado.
—He oído a dos perros callejeros ladrando aquí de buena mañana, haciendo que me zumben los oídos. ¿Es que nadie puede dormir?
Una cosa era despertarla a ella, ¡pero si despertaban a sus tres preciosos hijos, no tendría ni un ápice de paciencia! Luana bajó las escaleras lentamente, vistiendo solo la camisa que había usado la noche anter