Nora frunció ligeramente el ceño, mirando al hombre con una evidente expresión de desagrado.
Sin embargo, él continuó hablando:
—La verdad es que sé que te gusto. Si no fuera así, no habrías estado charlando conmigo tanto tiempo, ¿verdad?
Nora puso los ojos en blanco con tanta fuerza que casi pudo ver su propio cerebro. ¿De dónde sacaba tanta seguridad para creer algo así?
—Te has equivocado por completo. No me gustas —respondió Nora con firmeza—. Sencillamente, creo que no tenemos nada en comú