Si tuviera que prestar atención a todas las mujeres que le mostrasen interés, ¿no acabaría agotado y sin tiempo para nada?
Le dio unas palmaditas suaves en la cabeza, tan suave y esponjosa, y le preguntó:
—¿Qué te apetece beber?
La azafata observó aquella muestra de cariño entre Alessandro y Mia, y al instante se le calmó el corazón. Era cierto que él era muy atractivo, pero estaba casado y tenía una familia; mejor dejarlo correr.
Al ver la expresión desanimada de la mujer, Mia sintió un gran a