—Hola, quisiera hacer un pedido. Dirección: Av. Central 1790. El mismo de siempre. Envíeme veinte tazones de fideos vegetarianos y veinte huevos fritos.
—¿Necesita algo más? —preguntó Luana.
—¡No necesito nada! ¿Por qué hablas tanto? —El teléfono se cortó con un chasquido.
Luana se quedó atónita. Aquel hombre era feroz y tenía un tono extraño, como alguien que forzaba un acento que no dominaba, o como quien come fideos sin sazón. Las terminaciones retroflejas sonaban forzadas, casi caricaturesc