— ¿¡Qué!? ¿Vamos a encontrarnos con ese padre canalla?!
Matteo abrió los ojos de par en par, las pupilas brillando bajo la luz del cuarto en una mezcla de terror y fascinación. ¿Habría escuchado mal? Los dos niños se quedaron estáticos, en un shock absoluto que parecía paralizar el tiempo.
— ¡Sí! Escuchaste bien. Lo pensé muy detenidamente — afirmó Lucca, con una calma gélida que contrastaba con la agitación de su hermano.
No era de impulsos. Había pasado la última hora sopesando cada detalle,