— Mierda.
Al escuchar el tono gélido de Alessandro, Marcelo encogió los hombros instintivamente. El aire en la oficina parecía haber perdido el oxígeno. Se dio cuenta, demasiado tarde, de que se había confundido.
¡Cielos! ¿Será que esa mujer deslumbrante realmente no tiene nada que ver con él?, pensó Marcelo, sintiendo un sudor frío.
Siempre había confiado ciegamente en su intuición, pero, ante la calma gélida y la mirada de acero de Alessandro, comenzó a dudar de sí mismo. Quizás lo había inte