—El niño no lo hizo a propósito. Tú solo necesitas un pastel. El que quieras, eu puedo mandar a pedirlo —dijo Alessandro con frialdad.
Patrícia notó el instinto protector de Alessandro hacia los niños, e hizo que su rabia aumentara.
Ya es tan protector con ellos, incluso sin saber que son seus próprios hijos. ¡Si se enterara, seguro los consentiría demasiado!
Esos bastardos tienen la sangre de Luana corriendo por sus venas, ¡e ella no puede permitir bajo ninguna circunstancia que Alessandro sep