Cuando llevaron a Alessandro a la sala de urgencias para que le pusieran los puntos, sus tres hijos pequeños se negaron a salir y quisieron quedarse a su lado todo el tiempo. El personal del hospital pensó que solo estorbarían, pero Alessandro los detuvo.
Él sabía que los tres pequeños se resistían a irse porque temían que algo malo le pasara. Qué banda de diablillos tan maravillosos, pensó, con una profunda muestra de afecto.
—No es necesario, no van a causar problemas —dijo Alessandro, mirand