Alessandro miró a Camila con los ojos brillantes y al final solo logró murmurar un escueto «ah». Su actitud era fría, como si no tuviera ganas de mantener una conversación larga con ella.
El corazón de Camila se heló al instante, aunque mantuvo la compostura en la superficie y siguió sonriendo, como si la indiferencia de él no le afectara en absoluto.
—Ven a probarlo, ¿a ver si te gusta? —Camila abrió el termo con entusiasmo, y un rico aroma a sopa de pollo se extendió por el aire.
Alessandro n