Camila sostuvo la mirada del portero sin pestañear. ¿Acaso ese hombre estaba ciego? ¡Cuántas veces había entrado y salido de esa casa! ¿Cuándo fue que no la habían recibido con una sonrisa? ¿Por qué actuaban así ahora?
Algún día se convertiría en la dueña de este lugar y se desharía de ese ingrato.
—Señorita Camila, siendo usted una gran estrella, por favor no nos complique las cosas a los de seguridad. Solo estamos haciendo nuestro trabajo. ¡No quiero perder mi empleo! —dijo el guardia con ton