JADE
El aire en la habitación vibraba como una señal de amenaza silenciosa, un duelo que al parecer comenzaba. Algo en mi interior me decía que debía proteger a los niños de esta mujer.
La incomodidad era palpable en la habitación. Sor Mariam se acercó e intentó suavizar el ambiente.
— Raissa ha sido una benefactora con un corazón inmenso, Majestad, su generosidad de...
—Mi generosidad es para los niños, no para la burocracia —interrumpió Raissa sin apartar sus ojos de los míos. Su voz era tran