HASSAN AL-ÁSAD
Dejo caer sobre mi virilidad un delgado hilo de saliva y lo froto desde la punta hasta el tronco; dejo caer mi cabeza hacia atrás mientras le doy un espectáculo a mi mujer.
—¡Chiquilla! — susurro sintiendo cómo mi abdomen se contrae por los espasmos que me sacuden violentamente al sentir cómo mi semilla sale disparada de mi miembro, cayendo todo encima de su vientre, y eso solo aviva más el fuego que consume mi cuerpo.
Abro mis ojos y observo a mi chiquilla, quien me mira sorpre