HASSAN AL-ÁSAD
La noche había caído pesada y oscura, cargada de un silencio que parecía guardar el llanto del mundo. Permanecía sentado en el suelo del pasillo, frente a aquellas puertas cerradas, con el cuerpo entumecido y el alma hecha pedazos. Horas antes, Said me había dicho las palabras que me atravesaron como una espada: La bebé sigue viva, pero su corazón es demasiado débil. No pasará de esta noche. El daño es irreversible. Y el estado de tu esposa sigue siendo muy crítico; permanece inc