Así que Elisabetta fue al hospital a buscar a Norman y, sinceramente, durante todo el trayecto siguió pensando en aquella fotografía escondida en su cajón y en la segunda que apareció en la caja del mensajero. Tic tac. ¿Qué se suponía que significaba eso de todos modos? Era como algo sacado de una mala película, de esas en las que el villano envía mensajes crípticos y la heroína hace algo estúpido como ir sola a un almacén a medianoche. Ella no iba a hacer eso. No era tan tonta. Pero aun así, l