Kim Carpenter estaba sentada con las piernas cruzadas en su sofá blanco, una copa de vino tinto en la mano, el cabello recogido en un moño despeinado. La luz de la tarde entraba a través de sus ventanales de piso a techo, iluminando las partículas de polvo que flotaban en el aire. Su apartamento estaba limpio, caro, exactamente como a ella le gustaba. Pero su mente no estaba limpia. Zumbaba con planes, esquemas e ideas a medio formar que aún intentaba encajar.
Vanessa estaba sentada en el silló