“Nunca. No voy a dejarte hacer siempre lo que quieres”, gritó Elisabetta con todas sus fuerzas, sin importarle que los empleados pudieran oírla.Desde la muerte de su padre, su vida había sido una sucesión de humillaciones, todas provenientes de su madrastra y su hermanastra.No, esto no podía estar pasando. ¿Por qué su vida tenía que ser un desastre constante? Sus pensamientos se amontonaban sin orden.“Ah, ya veo. ¿Ahora tienes el valor de contestarme, Elisabetta? Harás lo que te dije o solo tendrás a tu miserable persona a quien culpar”, gritó su madrastra.Elisabetta estaba devastada. Tenía el rostro rojo de tanto llorar. “Pero… pero la señora Anita Macalister quiere que Nina se case con su hijo, no yo.”“Te casarás con Norman Macalister, y punto final”, dijo la señora Anderson, su madrastra, con la voz cargada de ira. “Él es el Alfa de la manada Riverside, y disfrutarás tu matrimonio.”“¿Por qué quieres que me case con un inválido, con un vegetal, alguien completamente ajeno a su
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