La luz de la mañana atravesó las cortinas como un cuchillo, cruzando la cama y cortando el sueño de Elisabetta. Abrió los ojos y, por un momento, no supo dónde estaba. Luego sintió el peso del brazo de Norman sobre su cintura y recordó.
La pelea. Los gritos. El banco en el jardín. La forma en que él la besó como si se estuviera ahogando y ella fuera aire.
Giró la cabeza con cuidado. Él seguía dormido, su rostro relajado, la boca ligeramente abierta. Se veía más joven cuando dormía. Menos como e