El golpe en la puerta llegó de nuevo. Más fuerte esta vez.
Nina se quedó inmóvil, con la mano aún sobre el hombro de Norman y su rostro todavía a centímetros del suyo. Su corazón latía con tanta fuerza que estaba segura de que quien estuviera al otro lado de la puerta podía oírlo. Su vestido seguía subido por sus muslos y sus pechos seguían desbordándose por el escote, y lucía exactamente como lo que era, una mujer que se había lanzado sobre un hombre casado.
Norman no la apartó. Tampoco la ace