—Te lo advertí. No vuelvas a mencionar a Aaron en esto —espetó Rose entre dientes.
Cerró la carpeta de un golpe. Sus emociones habían estallado. Estar sola en la misma habitación con Matteo hacía que perdiera el control con demasiada facilidad.
—Solo firma aquí y me iré —dijo Rose, manteniendo la distancia.
Fue entonces cuando Matteo comprendió que los celos lo habían dominado y cegado por completo. Lo que había dicho antes no había sido más que una forma de liberar el dolor y la decepción que