Rose se quedó mirando el vestido blanco que Aaron sostenía frente a ella y luego desvió la mirada hacia su jefe. Mientras tanto, Aaron estaba cómodamente sentado, disfrutando de los aperitivos y las bebidas que ofrecía la boutique. Rose frunció el ceño, exigiendo una explicación en silencio.
—Se ve bien. —Aaron levantó el pulgar.
—Señor, no voy a asistir a esa boda —dijo Rose con educación, pero su negativa era inconfundible.
—¿Quieres otro color? ¿O un estilo diferente?
Rose estuvo a punto de