CAPÍTULO 5

Charlotte dejó que el agua resbalara lentamente por su cuerpo. Siempre le había encantado pasar tiempo bajo la ducha; de alguna manera, todo parecía estar bien cuando el agua recorría su piel, arrastrando consigo las emociones y calmando su corazón. Adoraba la sensación del agua deslizándose sobre las partes más sensibles de su cuerpo, especialmente sobre sus pechos. Sentir el chorro acariciándolos siempre le resultaba excitante.

Pero ese día era diferente.

Sí, seguía sintiendo ese agradable cosquilleo mientras el agua fría acariciaba su piel. Seguía despertando ese deseo... pero enseguida recordó al único hombre que durante los últimos dos años había sido el encargado de saciarlo.

Permanecer bajo la ducha, con los ojos cerrados, solo hacía que los recuerdos de todo lo que habían compartido regresaran una y otra vez. Recordó la delicadeza con la que él la trataba, como si fuera lo más frágil y valioso del mundo.

¿Entonces todo había sido una mentira?

Seguía sin poder creerlo.

¿Cómo era posible que alguien que la había hecho sentir tan especial, de un momento a otro perdiera el interés y ya no quisiera saber nada de ella?

¿Eso tenía sentido?

¿La había amado? Sí.

¿Se había preocupado por ella? También.

Entonces... ¿qué demonios había pasado?

¿Qué había ocurrido entre ellos?

¿Cómo pudieron perder todo lo que tenían?

Nada encajaba.

Estaba convencida de que existía algún factor externo que se le escapaba, algo que simplemente no lograba ver... porque ni siquiera sabía qué demonios era.

Incapaz de seguir reviviendo aquellos recuerdos dolorosos, cerró la llave de la ducha y tomó la toalla limpia que había dejado colgada en el baño.

Salió de la bañera y se envolvió el pecho con ella.

Por mucho que intentara no pensar en Josh, siempre terminaba haciéndolo una y otra vez.

No esperaba que olvidarlo fuera fácil, pero jamás imaginó que sería tan difícil.

Ni siquiera recordaba cuántas veces había dicho la palabra "joder" ese día. Maldijo cada vez que pensaba en él, cada vez que recordaba cómo eran antes, cada vez que volvía a sentir el dolor que le había causado.

Apenas salió al amplio dormitorio, su teléfono comenzó a sonar.

Dudó antes de contestar.

Ni siquiera tenía ganas de hablar con nadie.

Estaba de vacaciones, por el amor de Dios.

Era 23 de diciembre y no tenía que volver a la oficina hasta el 2 de enero.

Que la dejaran disfrutar de su tiempo libre.

Cuando miró la pantalla, vio que era Olivia.

—¡Mierda!

Le había prometido que la llamaría o le enviaría un mensaje apenas llegara al aeropuerto de Rovaniemi, pero había estado tan absorbida por los pensamientos sobre su ex que lo había olvidado por completo.

Presionó el botón verde antes de que la llamada se cortara.

—¡Hola! ¿Cómo estás, chica? —saludó, forzando una sonrisa.

Sí, Olivia no podía verla...

Pero era capaz de descubrir su estado de ánimo incluso a través del teléfono.

Charlotte siempre decía que era una bruja digital por esa habilidad.

—Llevo media hora intentando comunicarme contigo. ¿Estás bien? ¿Llegaste al hotel? ¿Ya hiciste el registro? ¿Estás a salvo? —preguntó su mejor amiga con evidente preocupación.

—Tranquila, Ollie. Estoy perfectamente bien. El vuelo llegó antes de lo que esperaba, así que acabo de salir de la ducha. Y, como te prometí, todavía no me he suicidado ni he intentado hacerme daño. Al contrario, pienso pasar las mejores vacaciones de mi vida aquí. Además, el próximo año tenemos que venir juntas. Este lugar es precioso, pero no sería igual de divertido sin ti, amiga.

—Awww... siento mucho no poder estar contigo, preciosa. Pero el año que viene vendremos juntas, lo presiento. Me alegra saber que estás bien. Cuídate mucho, ¿sí? ¿Y qué piensas hacer esta noche? Suenas como si ya tuvieras un plan.

Charlotte soltó una risita.

—Sí, de hecho lo tengo. Voy a salir a un bar local en las afueras de la ciudad. Pediré unos tragos y ahogaré mis penas en alcohol —anunció entre risas.

—¡Eso! ¿Sabes qué? Ni se te ocurra pedir solo un trago. Bebe todo lo que tu cabeza aguante. Emborráchate, encuentra a un finlandés guapísimo y musculoso y móntalo hasta la luna, porque te mereces ser feliz, sobre todo en unas malditas vacaciones. ¿Me oyes?

Charlotte estalló en carcajadas.

—Sí, capitana. Haré exactamente eso. Ahora mismo no hay nada que me haga más ilusión... bueno, sí. Uno de esos abrazos tuyos, Olivia. Ya los extraño.

—Awww, no te preocupes, cariño. Diviértete y deja de pensar en ese inútil de m****a. No merece ni tu amor ni tu preocupación. Solo cuídate. Aquí estaré esperándote cuando todo termine, y entonces podrás recibir todos los abrazos que quieras.

Charlotte asintió, convencida de que Olivia sabría que lo había hecho aunque no pudiera verla.

—Haré todo lo que me dices. Ah, y si ese idiota aparece buscándome o pregunta por mí, dile que me fui del país y que no pienso volver.

—Yo haría algo peor que eso. Por cierto... jamás te había oído decir "idiota". ¿Hay algo que deba saber? —la molestó Olivia entre risas.

Charlotte también rio.

Ni siquiera se había dado cuenta de que había usado esa palabra.

—Digamos que conocí a una persona muy peculiar. Ya te contaré todo cuando regrese.

—Eso me gusta. Haz nuevos amigos, diviértete, pero asegúrate de que nadie ocupe mi lugar en tu corazón... porque si eso pasa, cuando vuelvas no tendrás hogar al que regresar —la amenazó en tono juguetón.

Y lo decía muy en serio.

Si ella no iba a formar parte de la vida de Charlotte, entonces nadie más lo haría.

—¡Ja, ja, ja! No te preocupes, nadie va a ocupar tu lugar en mi vida. Te lo prometo. Ahora tengo que irme. Debo prepararme antes de que anochezca. Te llamaré mañana, porque esta noche probablemente esté demasiado borracha como para contestarte.

Las dos soltaron una última carcajada antes de despedirse.

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