Charlotte iba sentada en el taxi, mirando por la ventana con los ojos llenos de lágrimas. Ya no intentaba contenerlas; sabía que tenía que desahogarse o ese llanto terminaría hundiéndola en una depresión. Todavía no salía del asombro por todo lo que había ocurrido en las últimas horas.
¿Cómo era posible que el hombre por el que sacrificó todo la tratara de esa manera? Un hombre por el que estuvo dispuesta a perder a un príncipe, alguien por quien se había desvivido. Y aun así, él tuvo la audaci