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Capítulo 2 – Esto se acabó

Sentía que me iba a morir, nunca en toda mi vida experimente algo como esto, pero sentía que no me dolía. Eso fue lo peor. No me dolía, era peor que eso. Era… vacío.

Como si alguien me hubiera arrancado todo por dentro y hubiera dejado solo un hueco.

Crecí en una familia que me dio amor desde el momento en que llegué a sus vidas.

Familia, para mí esa palabra siempre significó todo: amor, protección, lealtad. Yo creía en eso. Crecí creyendo en eso, defendí eso y amé eso. Hasta hoy.

—¿Qué m****a hiciste, Charlotte?

Mi voz no sonó como mía, sonó rota, totalmente desconocida.

Ahí estaban mi hermana con mi prometido, desnudos en mi cama.

No aparté la mirada, no pude. Quedé atrapada en la escena.

Sus manos en su cuerpo, sus gemidos, su respiración agitada.

Las lágrimas salían a raudales, lo que vi se quedaría en mi cabeza el resto de mi vida, lo que era repugnante y asqueroso.

Mi hermana desnuda en mi cama matrimonial siendo follada por mi prometido. Observe cada detalle, la manera en que el la agarraba por las caderas mientras la penetraba, la forma en que él la sujetaba, como si fuera suya, como si siempre lo hubiera sido, la cara de lujuria de ella, sus gemidos, los rugidos de él. La cara le cambio a ella cuando escucho mi voz.

Y entonces ella me vio y no gritó…

Solo dijo: —Mierda… Vale, ¿qué haces aquí?

¿Qué hacía ahí? ¿EN MI VIDA?

Tenía la vista completamente nublada, el nudo en la garganta no dejaba respirar. Entre en shock. No podía aceptar lo que veía. Estaba entumecida, mis piernas no se podían mover.

Se separaron a toda velocidad. Ella sujetaba la sabana cubriéndose el cuerpo. El comenzó a recoger la ropa mientras se vestía.

—No es lo que parece Vale—dijo él mientras se vestía apresurado, que cliché—. Por favor, espérame en la sala.

Lo miré.

Y en ese instante algo dentro de mí murió.

—¡Hijos de puta! —no grité, tenía un nido en la garganta. Lo escupí.

Retrocedí con pasos inestables, choque contra la pared con mis manos temblorosas palpé tratando de encontrar la salida.

No recuerdo cómo salí de ahí. Solo recuerdo correr. Correr como si pudiera dejar atrás lo que acababa de ver.

—¡Valentina, espera!

Su voz detrás de mí la ignoré, si se acercaba… no respondía de mí.

Me subí al auto como pude y grite desde lo más profundo de mi alma, era un grito desgarrador. Me quería morir.

—Valentina, mi conejita, mi amor, por favor espera.

Alexander sale del ascensor abrochándose la camisa, intenta acercarse, me apure a encender mi auto. Dios de verdad quería atropellarlo, pero él no vale la pena. No sirve que pase mis días en la cárcel por él.

Lo esquive y acelere el auto. No quería que me alcanzara, no quería volver a verlo más nunca en mi vida. Me limpiaba las lágrimas tratando de controlarme para poder llegar a mi casa.

Conduje sin ver, llorando estaba temblando y no era por el frio. Rompiéndome en mil pedacitos.

En el portón de mi casa, hice sonar el claxon lo más rápido que pude.

—Abran la puerta rápido. Abran la maldita puerta.  ¡Ah! por que se tardan tanto.

Al comenzar a abrirse la reja, entre sin esperar. Sentía que el corazón me iba a explotar.

Mamá había salido, al escuchar el claxon.

—¿Qué pasó, Vale? —preguntó mi madre.

No pude hablar.

—Dios mío, Vale, ¿Por qué estas así?

Mamá comenzó a revisarme el cuerpo, vio mis manos, me agarro la cara. Vio mi rostro desencajado, lleno de lágrimas.

Agradecí que el resto de los familiares estaban durmiendo.

Mi papá al ver mi estado se sobresalta y corre hacia mí.

Las palabras no me salían, lo intente, pero no podía hablar.

—¿Discutiste con Alex?

Asentí, pero era una gran mentira. Eso no era una discusión; eso era una ejecución y más lagrimas salieron.

—Mañana es tu boda —dijo—. Seguro lo arreglarán.

La miré y algo no encajó.

—No, no abra nada. Se cancela esa maldita boda.

Silencio.

—Subamos al despacho—. Y los seguí, pero no registre nada. Mamá entre después de mi papá y de mí, cerrando la puerta.

—Valentina, no puedes cancelar por un malentendido —dijo mi padre. Lo miré fijo.

—¿Malentendido?

Mi voz tembló, pero no de dolor de rabia.

Respiré hondo una vez, dos, tres.

—Lo vi.

Silencio absoluto. —Vi a Alexander — Mi voz se quebró y respiré profundo

—Follándose a Charlotte.

El mundo se detuvo, pero no como esperaba. Tal vez fue idea mía.

—Sorprendí a Alexander follándose a Charlotte papá. Estaba revolcándose con mi propia hermana. —Les vuelvo a repetir, seguro deben estar en shock como yo.

Espere a ver la reacción de mi padre, pero nunca llegó.

Mi madre no gritó, no colapsó como pensé, no preguntó. Era como que esperaba esto.

Mi padre permaneció frío, inmóvil. Se veía ¿culpable?.

Y entonces lo entendí. ¡Lo sabían!

Se abre puerta del despacho y entra Charlotte.

—Papá, mamá, yo…

—Vete a tu habitación Charlotte, tu mamá y yo resolvemos esta situación.

¿Estoy en un verdadero shock, resolver esta situación? que mierdas pasa aquí?. Solo puedo quedarme ahí y verlos.

—Padre que está pasando? ¿Por qué mierdas no le dijiste nada a Charlotte? —papá no levanta la vista. —Papá... ¿tu sabías de esto?

Silencio.

—¿LO SABÍAN?, —grité indignada.

Mi padre bajó la mirada. Error. Grave error.

—Vale… yo…

—Respóndeme.

—Sí.

Esa sola palabra me destruye más que la traición.

Mi papa me toma de las manos, no me mira a los ojos y comienza a hablar.

—Hace unos meses los descubrí, en realidad fue sin querer, me entere del romance que tenían—continuó— Dijeron que fue un error, Charlie, ella lloro en mis brazos muy arrepentida.

—Cállate.

—Intenté protegerte…

—Pensé que solo fue esa vez y que todo estaba en el pasado, ellos prometieron que sería así.

—¡CÁLLATE!

Retrocedí como si él fuera un extraño, como si todos lo fueran.

—¿Mamá también lo sabía?

Silencio.

—¿MAMÁ TU TAMBIÉN?

—Sí…

Sonreí, no sé por qué, pero sonreí.

—Qué hermosa familia tengo.

Mi padre se acercó. No dejé que me tocara.

—Solo quería mantenernos unidos…

—¿Unidos?

Solté una risa rota vacía.

—Vale, Charlie es mi hija también no quería que entre ustedes hubiera peleas, porque se lo delicado que es esto. Entiéndeme estaba en una situación muy dura.

—Te pregunté muchas veces si realmente amabas a Alexander y si estabas segura de querer casarte con él. — Mi padre con lágrimas en sus ojos seguía hablándome, yo no podía decir nada. No me salían las palabras.

—Vale tú me dijiste que estabas muy enamorada, me hablaste de los hijos que querías tener, de lo feliz que eras por pasar tu vida con él.

—Dime mi niña, como iba a dañar tus sentimientos, no quise dañar tus sentimientos con algo tan terrible. Por eso apresure la boda, quería que te casaras y te mudaras y pusieras distancia entre ellos.

Caí desplomada de rodillas, solo podía escuchar, mi cerebro ya no procesaba nada.

—Vale para mí era una tortura reunirnos todos en la misma mesa, lo sentía demasiado por ti, esto me estaba matando. Pero ellos me dijeron que fue algo de una noche, que se pasaron de copas, que fue un error.

Mi padre se arrodillo a junto a mí y me tomo de las mejillas.

—Vale yo les creí y quise arreglarlo, porque Charlie también es mi hija, No puedo odiar a Charlotte. No quería que se dañaran entre ustedes. Ustedes son mi vida. Lo siento Valentina, perdóname mi amor.

Estaba adormecida, estaba en trance, mi cerebro estaba desconectado.

—Vale escúchame de verdad lo siento, yo...

Me levanté y lo miré a los ojos.

—Me estaban engañando TODOS.

—No es así—

—¡SÍ ES ASÍ! — les grité.

No podía hablar, no sabía que sentir, no sabía cómo actuar. Este son mis padres frente a mi diciendo toda esta m****a.

Barrí todo del escritorio. El ruido fue brutal, pero no tanto como yo por dentro.

—¡Los odio!. — Mi voz salió desde un lugar que no conocía.

—¡A TODOS!

Grité con todas mis fuerzas, un grito lleno de odio, de resentimientos, con lágrimas que salían desde mi alma. Y en ese preciso momento supe que dejé de pertenecer ahí.

Me giré y caminé hacia la puerta.

—Por favor Vale perdóname, somos familia, entiende solo quería que siguiéramos como hasta ahora.

—Vale, espera— mi padre me grita desesperado, tratando de agarrarme del brazo.

—¿A dónde vas? —preguntó mi madre.

Me detuve solo un segundo.

—A salir de la peor mentira de mi vida.

Abrí la puerta. Y sin mirar atrás dije: —Me largo de esta maldita casa.

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