Capítulo 68: El Último Acorde
Laura
Despertar fue como emerger de un mar de plomo. Mis ojos pesaban toneladas, y lo primero que sentí fue la presión de las manos de Rafael apretando las mías con una fuerza que intentaba mantenerme entera.
La realidad no llegó poco a poco; me golpeó como un puñetazo en el estómago en cuanto fijé la vista en el techo blanco y frío del hospital. La desesperación de la llamada de Laís regresó como un destello, después el recuerdo de las palabras de Rafael, y en ese