Capítulo 130: Sangre y Traición
Rafael Monteiro
Me permití, por unos breves minutos, ser apenas un espectador de mi propia felicidad. Observar a Mabel, Laura y Enzo juntos en aquella cama era como presenciar un milagro que durante años creí imposible.
Ver la mano de Mabel sobre el vientre de Laura, bendiciendo el futuro que estamos construyendo, me trajo una paz que no sentía desde que Sofía se fue. Tener la aprobación de la mujer que me trató como a un hijo sobre la mujer que elegí para ser mi