Como se estaba haciendo usual, después de arreglar su habitación y la de los trillizos, Luisa se acercó a la cocina para ayudarle a María con el almuerzo. Lo hacía no solo para pasar el tiempo hasta la hora de ir a recoger a los niños, sino también para aprender algo de cocina y hablar con alguien.
—Te estaba esperando —dijo María cuando vio a Luisa entrar a la cocina—. ¿Cómo te fue ayer? Aunque con la cara que traes, cualquiera diría que acabas de regresar de un velorio.
Luisa suspiró e intent