El auto de Mario recorrió las pintorescas calles del pueblo a una velocidad bastante prudente, que permitió a Luisa disfrutar de lo que parecía ser otro mundo, uno que, llegada la noche, se adueñaba del lugar. A las costosas tiendas de ropa, joyerías, heladerías y farmacias las habían reemplazado exóticos y muy atractivos restaurantes, de los que emanaban los aromas del mar junto con el de leños encendidos; bares de los que salían risas moderadas, la música de bailes tropicales y caribeños, jun