63. ESTABAN POR DESCUBRIR MI MENTIRA.
Nadia.
—Nadia, no pierdas el tiempo.— replicó Arthur mirándome con seriedad.
Me encontraba frente a Arthur, sus palabras aún resonaban en mi mente como cuchillos que cortaban cada vestigio de dignidad que intentaba sostener. Lo había besado, llena de deseo y anhelo, solo para encontrarme con una muralla fría e impenetrable. Su rechazo no fue solo físico, fue absoluto.
—¿Qué pasa, Arthur? —pregunté, mi voz temblorosa.
Sonrió, pero su sonrisa no era cálida; era cruel, cargada de desprecio.
—La ve