62. UN AMOR DESTRUIDO
Arthur
Llegué a la mansión, baje del coche y sali corriendo, sintiendo cómo el peso del mundo me aplastaba. Al entrar, la casa estaba en completo silencio, la fiesta había terminado. Subí las escaleras de dos en dos hasta mi habitación y, apenas cerré la puerta, todo dentro de mí explotó. Comencé a tirar cosas, furioso, lleno de una rabia que no podía controlar. Quería destruirlo todo. Quería destruirla a ella. A Lía y a mí mismo.
Golpeé muebles, rompí los retratos y en medio del caos, la puer