69. EL MAL NUNCA PREVALECE.
Arthur
Había llegado el momento de enfrentar la verdad y poner fin al caos que Nadia había desatado en nuestras vidas. Su rostro desfigurado por la ira y la vergüenza reflejaba la magnitud de sus mentiras. Me miraba con incredulidad mientras sus palabras trataban, inútilmente, de justificarse.
—Arthur, no sé de qué estás hablando, de verdad. ¡No sé! —insistió, con la voz quebrada.
—¿De verdad crees que puedes seguir manipulándome? —respondí con calma, aunque mi interior hervía de indignación—.