66. UNA TRISTE VERDAD.
Arthur
Mi madre y Adriano estaban cerca, observando todo con expresiones sombrías. Fue mi madre quien rompió el silencio:
—Hijo, juzgamos a Lía, de la peor manera.
—¿Qué está pasando? —pregunté, con la voz quebrada—. Quiero saberlo... Lia estaba ahi y ni siquiera volteó a verme y yo sentí que mi paciencia se agotaba.
—Arthur, Lía está muy débil.— mencionó Adriano.
—Lía, no puedes levantar la voz, pero ¿qué es esto? ¿Tú qué haces aquí?
La madre de Lía, interrumpió con calma, pero su rostro