Punto de vista de Eric
Me senté en el respaldo del asiento mientras un conductor venía a recogerme del hospital. El viaje de vuelta a casa se me estaba haciendo más largo de lo habitual porque, al cerrar los ojos un instante y apoyar la cabeza en el asiento, la mirada vacía y confusa de Bella apareció ante mí.
Y peor aún, la verdad, enterrada en mi pecho como una cuchilla oxidada, era que si no recordaba a Rose, no podría recordar la verdad que me había ocultado. Lo que significaba que no tenía forma de encontrar a mi hija.
Mi verdadera hija. Mi hija.
La que ocultó tan bien que, incluso ahora, no tenía nada: ni pistas, ni nombres, ni rostros, nada más que un nombre.
"Señor, ya estamos en casa", anunció el conductor en voz baja al cruzar las puertas.
El coche se detuvo frente a la finca. Una pequeña figura corría por el patio; la risa resonaba en el aire. Rose. Se reía nerviosamente, persiguiendo una mariposa; el vestidito rosa que llevaba ondeaba al correr. Sarah debió cambiarse de ro