El punto de vista de Mia
Después de que terminara nuestro picnic, Nikolas no podía apartar la vista de mí. De vuelta a casa, Nikolas no dejaba de mirarme con esa suave sonrisa suya, recordando pequeños momentos del picnic, bromeando sobre cuántos pastelitos me había comido y cómo fingía no disfrutarlos.
Me reí con él, pero en el fondo de mi mente, había un nerviosismo silencioso que no podía explicar. Quizás era culpa. Quizás era miedo. O quizás era simplemente la extraña sensación de saber que